La reina Leticia pasa por el Puente Triana, güi, con una cola que le arrastra

Sin el menor ánimo de recogérsela, la majestad de majestades compi yogui guai, Leticia Ortiz, pasa por el Puente Triana ¡güi! con una cola que le arrastra. Aún no se ha podido averiguar, por lo fugaz de la visita, si llevaba corona o no, aunque fuentes de Palacio del Pollo nos informan que ella  es más de gorra de cuero de oso pardo asturiane.

Del collar de mariposa que rezaba la popular sevillana, tampoco se ha sabido nada, aunque es de suponer que saldría volando ayudado por las gráciles manos de algún Rinconete indígena. Eso sí, todos los transeúntes y trianeros que pudieron presenciar la escena no cesaron de espetar a la ‘reina del pueblo’, que se recogiera la cola -güi- porque le arrastraba y estaba dejando el puente como una patena, quitándole el trabajo a los alegres muchachos y muchachas de LIPASAM.

Al parecer, esto de pasar por el puente de Triana haciendo güi en bata de cola responde a una ilusión que le viene de muy lejos, más o menos de cuando con 5 años ya soñaba con dominar el mundo a través de la consecución del trono de la monarquía española. Y evidentemente, todo el mundo sabe que no se podía llegar a emperatriz sin darse el consabido paseo por el puente de Isabel II.

La reina Leticia ha dejado claro posteriormente, a través de un comunicado propiciado por su regio marido regio, Selipe VI -que por fin le dejó hablar- que su intención era la de meterse al pueblo sevillano en el bolsillo, ya que “vive anclado aún en los tiempos de Isabel la Católica y en las trastiendas de María Castaña.”

 

 

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