A un runner heavy de San Jerónimo le salen unos Gemeliers en las pantorrillas

Corrían las ocho de la mañana de ayer cuando a la altura del barrio San Jerónimo, el runner sevillano y aficionado al heavy metal patrio, Gustavo Volapié, se quitaba los auriculares de sus walkman ochenteros en plena carrera. Intentaba  comprobar de dónde provenía “la música infernal que me estaba revolviendo la tostá de esteroides con sobrasada que me había jamado una hora antes”. Cuan enorme fue la sorpresa del deportista, al comprobar que los cánticos a dos voces que tanto le inquietaban procedían de su propio cuerpo. “Cuando miré pabajo y me vi eso, me tuve que echar a reír y pensé ea… ya me han vuelto a subir las setas que me comí el martes… Pero cuando me echo mano a las pantorrillas y veo que la cosa tiene relieve y que cuando les tapo la boca se quedan más callaos que una mamona… me tuve que jiñar vivo”. Por lo visto, Volapié echó a correr hasta García Morato, ubicado en el otro extremo de la ciudad, como alma que lleva Satán: “me puse a Barón Rojo a toda hostia en los walkman  para no tener que  escuchar a mis gemelos o lo que sean y no eché el freno-Magdaleno hasta que vi la bata blanca”. Sevilla Today ha conseguido hablar con Gustavo Volapié, gracias a que uno de nuestros redactores lo conocía de el Bar El Túnel de Triana y conservaba su número de móvil, ya que en la actualidad el ya famoso corredor mutante permanece en observación y cuarentena en el hospital Virgen del Rocío, donde lleva ya más de medio día con sus pantorrillas o Gemeliers  metidos en un barreño de Cazalla.

Se creen que el fenómeno forma parte de una serie de extrañísimas mutaciones registradas por un buen número de sevillanos en el último mes. Es el caso del pequeño homínido inteligente encontrado en el bigote del artista Pascual González, el del hombre de San Bernardo que defecaba pavías recién fritos y crujientes o el de la muchacha de avanzada edad, oriunda de Palmete, a la que le crecen moñas de jazmines en los sobacos. Desde el prestigioso Instituto de la Grasa se especula que todos estos desafíos a “la ciencia como dios manda“ han sido provocados por el tsunami de calor torrefacto que sufre la sevillanía y que todo este embrollo se podría solucionar “sacando más pasos a la calle”.

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