Grupo de capillitas se viene arriba en Matalascañas

A las 12 del mediodía de ayer, hora del Angelus, el carrito de helados de José Juan Bornay surcaba el llitoral acompañado de su radiocasete y una cinta de cromo. La marcha procesional de Los Campanilleros sonaba en un loop ininterrumpido, que cogía desprevenido a más de un incauto bañista de la sevillana manera. Estos, llevados por el mono cofrade impuesto por sus escasos días de veraneo, “quedaban hipnotizados con el carrito del helado, parecía que habían visto al mismo Cachorro por encima de las conchenas incandescentes” apunta Estanis Castellana, un señor muy alegre que bajaba de un chiringuito próximo.

Este mismo señor junto a su señora, que se incorporaba a la conversación igualmente jacarandosa, aseguraban que repentinamente, decenas de capillitas desde el anonimato de su traje de baño, iban levantándose de sus toallas de forma espontánea, sacaban sus trajes de nazarenos de los bolsos de playa de sus señoras, el capirote de verano, las sandalias cangrejeras, las bolsas de caramelos, los varales, inciensarios y “en fin, que no les faltaba un perejil”.

En pocos minutos, eran cientos los bañistas sevillanos, reconvertidos a nazarenos ocasionales, los que procesionaban por el litoral onubense. Los turistas extranjeros no salían de su asombro e incluso alguno salió despavorido, confundiéndolo con algún tipo de ataque de algo. Según los testigos, la cofradía del Santo Tapón –ya le pusieron nombre y todo-  “un camionero muy asceta que había por allí trajo un Crucificado precioso que tenía instalado en la cabila de su auto y la procesión desfilaba muy ordenadita, vamos, que en cuanto a alguno se le iba el santo al cielo desenterrando una coquina o mirando una pechera, llegaba un jefe de tramo y te llamaba la atención y todo”.

Al parecer, la procesión se nutría de nuevos acólitos según bordeaba la orilla de La Higuerita, atravesando los límites del Coto de Doñ ana, hasta perderse en la lejanía de la reserva. “Ahí iban todos, detrás del carrito del helado” sostiene Castellana, casi de milagro.

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