Don Juan Tenorio: “Me clavo menos que una lanza de goma”

Cada año por el mes de noviembre aparece, bien desde las calderas de Pedro Botero, o bien desde el mismo paraíso de Doña Inés, Don Juan Tenorio, el mito sevillano del rompebragas, el cerrajero mayor del cinturón de castidad ajeno, el seductor implacable que dio la vuelta al mundo arreando la taleguilla cual pony de feria.

Son muchos años soportando tamaña responsabilidad de ligón de capa y espada y al parecer, nuestro protagonista pasa por una crisis de “marmotismo existencial” que afecta directamente a su hombría, a su esencia… Es lo que tiene estar un siglo y medio representando el mismo drama:

“Tras la bajada a los infiernos ya no soy el que era. Ahora ando así como etéreo, soy más espiritual que otra cosa y para esto del fornicio quedo como incosistente” manifiesta Don Juan a Sevilla Today, desde la misma Hostería del Laurel. “¿Ves? Aquí mismo, en este mismo lugar, allí dónde ponía el ojo ¡zas! ponía la lanza y honra que malograba”. – matiza Don Juan- ” Luego llegó lo de Inés, el amor redentor y toda esa chuminá del Convidado de Piedra… que si la bajada al infierno, que si la subida al cielo… En fin, un vaivén emocional que me dejó con la lívido en el lodazal, maldita sea…”.

Don Juan sigue conservando esa labia, esa verborrea que hacía caer rendidas a las chicas, a las monjas, a las alcahuetas, a la España de su época. “Pero ahora con todo ese ente diabólico de la internet no hay quien las enfile cara a cara en una encerrona como Dios manda; ya sabes; en su alcoba, en su celda del convento, tras la reja de turno… Dese cuenta que llevo la brecha digital marcada en la frente como una pedrada del tiempo. Me clavo menos que una lanza de goma”.

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